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Los ricos y los pobres en la crisis económica

Vivimos momentos de muchas dificultades. La imposibilidad de trabajar y de producir hace que nuestros ahorros se disminuyan o que directamente no tengamos posibilidades de mantenernos. La incertidumbre económica nos produce todo tipo de tensiones. Como respuesta a esta situación los gobiernos y los estados están ayudando económicamente a su población; ayuda que en muchos casos desestabiliza la economía de los países.

En Perú, el gobierno propone aplicar un impuesto a la riqueza para hacer frente al déficit económico que generaron las medidas de cuarentena estricta y obligatoria. Obligando a los ricos a que restituyan los gastos ocasionados.

Aprovechamos estos acontecimientos para reflexionar:

¿Qué dice Shikry Gama referente a este tema?

Los alimentos, la vivienda y el vestido, la educación e instrucción más el trabajo equitativo conforman los bienes comunes al que todos los hombres tenemos derecho a aspirar y conquistar. Todos estos bienes deben efectivamente llegar a ser comunes entre los hombres. La realización de estos ideales y necesidades no pueden ser, sin embargo, fruto exclusivo y consecuente del “respeto a la persona humana”, de la “solidaridad” o de la “caridad” de los ricos.

En primer lugar, estamos de acuerdo que se debe hacer algo para disminuir la pobreza. Pero no hay solo una forma de hacerlo. Obligar a los ricos a aportar no es lo mismo que ellos por libre albedrío aporten para ayudar.

Los septriónicos consideramos sagrado el derecho a la autodeterminación. Este derecho termina donde empiezan los derechos de nuestros semejantes. (S.G.) No podemos culpar a los ricos por la pobreza de los pobres. Por eso Shikry Gama deja a elección lo que cada uno quiera dar.

La generosidad es una espontánea virtud humana, pero nadie está obligado a ser virtuoso.

Nos explica lo siguiente sobre la obligación:

La obligación fue concebida como un vínculo jurídico por el cual una persona está sujeta a otra a hacer o no hacer alguna cosa, en compensación a un bien o un servicio recibido.

La obligación implica una relación moral y jurídica entre dos o más personas en virtud de la cual una de ellas tiene el derecho de exigir cierto hecho de la otra, en retribución y correspondencia del bien recibido.

Sólo los benefactores del prójimo tienen la esperanza de la recompensa social, pero, no es justo ni correcto la pretensión de involucrar en obligaciones al prójimo o a la sociedad, puesto que la obligación deviene exclusivamente de la compensación del dar para recibir o del recibir en retribución lo mismo que se da.

En tanto el prójimo o la sociedad no hayan recibido ningún servicio ni bien de parte de los necesitados, éstos carecen de la esperanza de la recompensa y por lo tanto, no tienen el derecho a la retribución, por cuanto quienes no cumplen con sus deberes, no tienen derechos.

Al leer esto vemos que la verdad es más cruda todavía, porque lejos de decirnos que el que tiene necesidades, tiene más derechos, nos dice que el que da, el que cumple con sus deberes, tiene más derechos. Todo esto es producto de las leyes naturales de la causalidad, y de esto se desprende que la consecuencia de dar te concede derechos. El que da, recibe. Quizás, por esto podemos empezar a entender por qué no se puede obligar al que tiene. Usurpar el libre albedrío de otros no es correcto, porque privamos a las personas de decidir por derecho propio.

Cada uno tiene el derecho de ser generoso o avaro. No se puede imponer eso. Es parte del camino evolutivo de cada cual.

Por eso el estado debe revisar sus iniciativas para no atropellar los derechos de los ciudadanos.

Los derechos de los estados y de las sociedades terminan donde empieza el sagrado derecho de la autodeterminación que Dios Padre concedió a todos los seres creados.

En la búsqueda de servir a su Dios, aquellos que han abrazado la vida del servidor, o quieren servir en la medida de sus posibilidades, tienen el deber moral de ayudar a su prójimo y más cuando han logrado superarse social y económicamente, pero aún habiendo asumido ese deber moral, no se le puede obligar a hacerlo.

La culpa que la sociedad quiere infligir sobre aquellos que no practican la solidaridad social so pretexto de la práctica de caridad, no es más que una acción vil, que tiene como objetivo manipular al individuo a que done sus bienes o se adhiera a partidos que sean “generosos” con el esfuerzo ajeno.

Dentro de nuestra filosofía concebimos que si bien es cierto que el hombre ha sido hecho a semejanza de su dios, es también cierto que dentro de cada hombre hay una chispa de ese Dios. Y nuestro lema es servir a Dios y en la Tierra no se puede servir a Dios sin servir al hombre que es su representación viva. Y para servir al hombre hay que colaborar en su bienestar no solamente espiritual sino material, porque de su situación social y económica dependen sus condiciones espirituales, y de sus condiciones morales dependen también su situación social y económica. No puede haber adoración al Padre con hambre, con injusticia, con confusión de ideas y valores, porque estas situaciones sólo engendran deshonestidad, picardía, ambiciones reprimidas y miles más de negatividades que ofenden al mismo hombre y al Padre Creador. Nuestra norma filosófica de servir a Dios, en su representación viva que es el hombre, nos obliga a programar las soluciones de sus problemas.

Cuando se da apoyo, hay que evitar que los dirigentes se queden con ese apoyo y no lo entreguen a los que verdaderamente lo necesitan.

Al margen de una situación de crisis, en la que se necesita proveer y promover ayuda directa sin poder combatir las causas que provocaron la situación, Shikry Gama aconseja que hay que instruir y educar a los necesitados para darles más conocimiento. Un conocimiento que les permita superarse a sí mismos y que es algo que siempre se debió haber realizado para cambiar la sociedad.

La pobreza es una condición que todos los humanos tenemos el deber de ayudar a erradicarla de nuestras sociedades. Pero se ha insistido en culpar exclusivamente a los ricos y a los pueblos desarrollados de ser los causantes de la pobreza del pobre y la de los pueblos subdesarrollados. Esto es verdaderamente injusto y ajeno a la verdad. ¿Quién tiene realmente la culpa de esta situación? ¿No es acaso responsabilidad del necesitado y carente de algo hacer las diligencias que se requieran para resolver sus necesidades?

Los pobres necesitan de las oportunidades laborales que generan los ricos, y éstos necesitan que los pobres progresen para tener capacidad de consumir lo que sus industrias producen. No podría existir el uno sin el otro, y nuestra sociedad necesita que ambos aprendan a vivir en armonía, para que el pobre sea menos pobre y el rico menos rico. (S.G., Nuestras necesidades)

Tanto el pobre como el rico, conscientes de sus características particulares [deben decidir] unirse y laborar armónicamente el uno en bien del otro.

En las empresas donde hay buena comunicación entre el emprendedor y los empleados, se están tomando medidas para afrontar la crisis y no afectar el funcionamiento o tener que despedir a empleados y que ellos pierdan su fuente de ingreso. En estos casos, cuando se puede y de mutuo acuerdo, deciden bajar parte de las ganancias y de los sueldos para no afectar la salud financiera de la empresa y poder mantener la fuente de ingresos para aquellos que dependen de la empresa.

Pero para eso tanto emprendedores y empleados deben tener una consciencia transcendental para sorteas las vicisitudes cuidándose de un futuro incierto.

No es cuestión de combatirse, sino de vivir en armonía los unos con los otros.

Meditemos y pidamos a Eón que nos ilumine para que en uso de ese libre albedrío que nos ha concedido hagamos uso correcto del derecho de la autodeterminación. Que nuestras mentes y nuestros espíritus sean guiados por su divina voluntad para elegir aquello que es positivo y constructivo para una nueva sociedad donde el rico sea menos rico, para que el pobre sea menos pobre y para que las diferencias entre los unos y los otros sean cada vez menos humillantes para que se establezca un equilibrio social, para que los humanos puedan gozar con mayores amplitudes las alternativas de su existencia.