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La amistad

S.G., De las Tinieblas a la Luz Epiritual:

Los amigos, los verdaderos amigos, están siempre vinculados a las responsabilidades, a los deberes y a los valores que hemos idearizado como las metas superiores de la realización humana. Por todo ello, debemos buscar no solamente la perfección de nuestras amistades, sino que, debemos ejemplarizar dentro de nosotros mismos, la perfección de las conductas que reclamamos de los demás.

Para comprender esta proposición  que Shikry Gama nos recomienda, debemos  entender que se refiere a la amistad entre las personas de bien y no a la amistad entre gente de malas costumbres, porque en estos casos, es justamente la imperfección la que los identifica.

A veces tenemos la equivocada creencia que los amigos son sólo para gozar con ellos los placeres de la vida, para pasarlo bien, sin importar qué defectos o cualidades tienen, y nos dejamos impresionar y obnubilar por el aparente éxito económico y social que ostentan, etc.

Enceguecidos por lo externo, nos dejamos seducir para involucrarnos en acciones que denigran nuestra autoestima olvidándonos de lo que realmente importa en la vida. Porque Shikry Gama dice que:

la búsqueda espiritual no conlleva, como muchos creen, una convivencia tolerante y pasiva con todo lo que el universo y la vida nos ofrece. La búsqueda espiritual exige definir nuestras metas, nuestras actitudes para asumir el compromiso de practicar con rectitud nuestros deberes.[1]

Especialmente cuando aspiramos a ser hermanos espirituales, necesitamos definir con claridad qué tipos de amistades necesitamos, y qué clase de amigos tenemos que ser, y si somos hermanos espirituales, es nuestro deber cultivar la amistad, y no la compinchería. Sucedió que una hermana, tratando de superar sus errores, tuvo el valor de confesar ante los demás sus errores de conducta.

Grande fue su sorpresa cuando descubrió que sus hermanos espirituales, en vez de apreciarla más por su sinceridad, la rechazaron y difamaron.

Decepcionada contó lo sucedido a nuestro fundador, quien la dijo, «mira, no te preocupes, los que te dan la espalda, sencillamente no son tus amigos».

S.G. nos da el ejemplo de ser el hermano y el amigo que siempre ayuda a corregir nuestros errores, y lo hace sin prejuzgar ni difamar a la persona. No importa cuán terrible haya sido el error cometido. Si la persona confiesa sinceramente sus errores con la intención de rectificarlo, es motivo para solidarizarse y ayudarla(o). Y si esta persona ve que sus hermanos espirituales lo apoyan y ayudan, es porque son verdaderos amigos,  […] vinculados a las responsabilidades, a los deberes y a los valores que hemos idearizado como las metas superiores de la realización humana. Por oposición se deduce que, quien no tiene esa actitud, es porque no ha aprendido aún a ser un verdadero amigo, y por ende un buen septriónico.

¿Porqué algunos hermanos le fallaron a esta hermana? Porque cayeron en el idealismo de creer en la perfección humana que exige de sus semejantes esa utópica perfección, en la ilusión de que esta hermana fuera diferente de lo que era. Y cuando ella quebró esa falsa imagen, se desilusionaron y la prejuzgaron negativamente.

Y, ¿porqué esta hermana creyó que estaba delante de auténticos practicantes de la doctrina?, por la misma ilusión que tuvieron los demás. Prejuzgar conduce a caer en el mismo error de los demás.

Talvez para completar esta enseñanza podemos decir que para evitar este tipo de problemas tenemos que trabajar también en nuestras actitudes para con los demás. Actitudes que se constituyen en  la causalidad que provocamos y recibimos. Es decir, si queremos que las personas no nos menosprecien ni por confesar, tenemos que comprender que no se puede ser sinceros ante quienes no lo merecen.

Y, Shikry Gama nos enseña que para obtener el triunfo espiritual también necesitamos  ser «comprensivos y tolerantes con las debilidades de nuestros semejantes, pero exigentes y severos en las correcciones de nosotros mismos[2]

Para cerrar este comentario citaremos una frase de Shikry Gama que dice: «la amistad es un don preciado de amor y armonía entre los hombres, que sólo es posible obtener respetando cada día más al amigo.»


[1] S.G. De las Tinieblas a la Luz Espiritual, item 6.1

[2] S.G., El Triunfo Espiritual, ítem 4.