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De la venganza a la justicia

Autor: Shikry Gama (1992)

1.- Vivimos momentos, en el que todos los humanos nos debatimos en el dilema de decidir las sanciones que en nuestros países deben darse a los delitos del genocidio, del terrorismo y de toda esa brutal violencia que nuestros pueblos han venido soportando durante estos años.

1.2.- El ser humano, consciente de sus propias imperfecciones, instintivamente, teme juzgar para no ser juzgado. Porque se sabe portador de delitos que también merecen sanciones, y que no quisiera ser juzgado con impiedad, porque desea para sí mismo la mayor de las piedades, para que sus propios yerros y delitos no sean tan terriblemente sancionados.

2.- En el pasado, cuando aún no se había instituido los principios de la justicia terrena, los humanos resolvían sus discordias y conflictos ejerciendo el derecho de la venganza, es decir, la satisfacción que se toma por el agravio o el daño recibido con remisión de las culpas a que hubiera lugar ante la justicia de Dios, después de la muerte, en el juicio final.

2.1.- Sobre la venganza encontramos en el judaísmo las siguientes sentencias: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie”, (Éxodo, XXI, 24) y agrega en el versículo siguiente: “Quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe” (de las leyes dictadas por el Señor a su pueblo en el Sinaí). En sentido análogo, en Levítico, XXIV, 20 añade: “Cual fuere el mal que hubiere hecho, tal se le obligará a sufrir” (V.770-2); que culminó perfeccionándose en las sentencias: “El que a hierro mata a hierro debe morir”, y que se reafirmó con “Trata a tus semejantes en la misma forma en que quisieras ser tratado”, previniendo las implícitas consecuencias de la venganza.

2.1.1.- La venganza también ha inspirado sentencias como:
“Las venganzas de los que bien se han querido sobrepujan a las ofensas hechas”. (Cervantes, Trabajos de Persiles y Segismundo)
“Siéntate a esperar en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo”, sentencia atribuida a los chinos y a los árabes.
“A todos toca el remedio que a todos toca la infamia”, (Juan Ruiz de Alarcón, 1622).
“Ya tienes, ¡OH Cicerón! vengada la República”, palabras de Bruto al apuñalar a César.
“¡OH Justicia de Dios, qué terrible debe ser cuando asestas tales golpes de venganza!”, (Dante, Infierno, canto XXIV).

3.- Los griegos partieron de la idea de considerar que: “el orden o la medida, en el que cada cosa ocupe su lugar en el universo es justo, luego, algo es justo cuando su existencia no interfiere con el orden al cual pertenece”. Esta concepción cósmica se convirtió en principio social, cuando afirmaron que, “dado un orden social aceptado, cualquier alteración del mismo es injusta, y que todo desequilibrio del orden merece una compensación justa”.

3.1.- En algún momento, por transculturación, los griegos también terminaron por considerar que es justo vengarse por un daño inflingido, y que por derecho “tiene que haber igualdad de daños”, deviniendo en el ojo por ojo y diente por diente del judaísmo que sostenía que las penas deben ser iguales a las ofensas.

4.- La justicia se convirtió en una obligación civil cuando, por convención, se sostuvo “que algo es justo cuando se acuerda que es justo, e injusto cuando se acuerda que es injusto”.

4.1.- Cuando el sistema judicial está sometido al poder político imperante, este principio es dudosamente aprovechado para satisfacer los ideales o las vindictas del gobierno de turno.

4.1.1.- El sistema judicial debe ser autónomo e independiente del poder legislativo y ejecutivo, para contrarrestar los acuerdos vindicativos que los gobernantes pretendan imponer a sus opositores.

4.1.2.- Considerando que aún siendo independiente el sistema judicial, sus magistrados pueden entrar en complicidad con los poderes legislativos y ejecutivos, como ya se ha comprobado con el corrupto gobierno fuji-montesinista; es imperioso corregir las imperfecciones del sistema judicial, concediendo a la soberanía del pueblo y a su inalienable derecho de autodeterminación plebiscitaria, aprobar o desaprobar las leyes a las que los pueblos deben someterse, concediendo a los gobiernos de turno, sólo el derecho de aprobar decretos leyes que no atenten contra el espíritu de equidad de las leyes.

4.1.3.- Las luchas sociales de los pueblos subdesarrollados han sido consecuencia de la incitación política para exacerbar la venganza de las mayorías contra las minorías mejor favorecidas. Estas luchas no hubieran destruido el orden social ni hubieran desgastado tanto los recursos para el progreso de los pueblos, si se hubiera instruido y legislado con más equidad en la distribución de las riquezas, de tal manera que el rico fuese menos rico para que el pobre fuese menos pobre.

4.1.4.- Motivando la lucha de clases, los oportunistas y los arribistas se hicieron de riquezas, sin modificar la pobreza de los pobres, antes por el contrario, descubrieron la gran industria de la venganza política, que prometiendo ilusiones igualitaristas se hacen del voto popular para alcanzar el poder político y legislar a carpetazos o a acuerdos de medianoche, con una arbitrariedad que sólo busca incrementar la interminable venganza que destruye las posibilidades del progreso social de los pueblos, sin beneficiar al pueblo.

4.2.- La justicia originó la jurisprudencia, y ésta ha venido perfeccionándose a través de los siglos sin que podamos afirmar que se ha logrado la anhelada perfección del ejercicio de la administración de Justicia. Las ideas iniciales de venganza y castigo, subsisten para exigir el resarcimiento del daño ocasionado, para quien cometió el delito.

4.2.1.- Efectivamente, quien ha sido victima de un atropello o un daño, o se ve amenazado en su integridad física o en su patrimonio, contrarresta los riesgos reclamando la protección del sistema judicial.

4.2.2.- Salvo honrosas excepciones, la legislación judicial, aún cuando perfectible en sus normas, siempre estará sometida al arbitrio de las simpatías, antipatías y componendas de quienes ejercen la administración de los sistemas judiciales.

5.- En todos los pueblos civilizados, la justicia se basa en el principio de que “todo ser humano es inocente mientras no se pruebe lo contrario”, sin embargo en aquellas sociedades -como la nuestra- que se inspiran más en la venganza que en la justicia natural, arbitraria e injustificablemente se atropella los derechos universales del ciudadano al imponérseles el perverso principio de que “todo ser humano es culpable mientras no demuestre lo contrario”.

5.1.- Se presume que todo infractor puede ser culpable, sin ser responsable. Que puede ser responsable sin ser culpable. Y que puede ser responsable y culpable del delito que se le imputa. Pero mientras no se haya probado las presunciones, todos son inocentes, por lo tanto es una iniquidad privar de la libertad por sospechas no comprobadas.

5.1.1.- Hay quienes justifican la privación de la libertad con el pretexto de que el culpable huirá del alcance de la justicia, pero la verdad es que todos los ciudadanos saben que con el perverso principio de que “todos son culpables mientras no demuestren lo contrario”, temen que se les prive de su libertad aún cuando sean inocentes. Por eso prefieren evadir comparecer ante cualquier acusación.

5.1.2.-Todo inocente que es privado de su libertad sufre daños pecuniarios y morales. Por el mismo principio de venganza en que se inspira la justicia, debe resarcirse el daño ocasionado al inocente perjudicado. El Estado y el Sistema Judicial o los magistrados, tienen el deber de cumplir con la reparación civil, indemnizando al inocente en igualdad al daño inflingido.

5.2.- Muchos delitos son consecuencia de una maquinación deliberada de la legislación de los deberes cívicos y políticos que busca el resarcimiento de los menos favorecidos a costa de los incautos contribuyentes que son acosados con interminables infracciones.

5.2.1.- Como cuando se modifican las normas de transito y de otros rubros, con el propósito de inducir a transgresiones que incrementen la cobranza de multas y papeletas de transito.

5.2.2.- O como cuando con arbitrariedad se imponen injustos deberes tributarios que inevitablemente conducirán al incumplimiento y a la quiebra de los contribuyentes.

5.2.3.- Con el maquiavélico argumento del bien social, se expolia a los ciudadanos para favorecer el enriquecimiento ilícito de los políticos corruptos que manipulan la hacienda pública para justificar una innecesaria burocracia y obtener pingues recaudaciones que son malversadas con el contubernio de sus compinches instalados en los cargos públicos.

5.2.4.- Es inevitable que la ciudadanía sienta deseos de vengarse de estos malos políticos, sólo que por la impunidad de sus cargos, lo hacen contra la Patria porque no pueden hacerlo contra ellos. Por eso evaden el pago de los impuestos, de las papeletas y de todo deber que colabore con los gobernantes corruptos en la detentación del poder.

6.- Sólo Dios puede conocer profundamente las intenciones de la naturaleza humana. Los humanos estaremos siempre expuestos a dejarnos arrastrar por las pasiones, sean estas consecuencia de los atropellos sufridos o de las ideologías que mueven nuestras conciencias.

6.1.- Lo cierto es que quien cometa un delito, sea cual sea la magnitud de su delito, por el imperio de la causalidad sufrirá las consecuencias y tendrá que resarcir los daños producidos, tanto con las sanciones jurídicas vigentes que juzguen sus actos, como con el repudio de las sociedades.

6.2.- Los peruanos y el mundo entero tienen el dilema de sentenciar a quienes incuestionablemente son culpables y responsables de los actos que ellos mismos se jactan asumiendo la autoría, con el atenuante de que, las injusticias sociales imperantes, inducen a ese camino de violencia, como única alternativa de solución a sus propias limitaciones e incapacidades y a la falta de conocimientos para resolverlos pacíficamente.

6.3.- La relatividad de probar la veracidad de los hechos, será siempre un imponderable que confundirá la justicia natural con la venganza.
Meditemos y que la luz del Padre ilumine a quienes tienen que administrar justicia, y a todos los seres humanos que tienen que valorar los acontecimientos y los sucesos para que actúen con justicia despojados de sus complicidades y de sus sentimientos de venganza, porque sino ejemplarizamos la justicia, los actos vengativos seguirán convirtiéndose en las mayores injusticias.